Opinión

Un tal pensamiento crítico

Sócrates no daba discursos. Hacía preguntas. Dos mil cuatrocientos años después, sigue siendo lo único que no puedes delegar.

Ximena Villalobos
Ximena VillalobosCofundadora de PorContar · 9 de agosto de 2026

Hay una frase que me persigue desde que la escuché. Se la dijo un profesor a mi cuñada, en plena carrera de medicina: si solo de medicina sabes, ni de medicina sabes.

Me tomó años entenderla. Y terminé de entenderla trabajando con inteligencia artificial.

Últimamente me puse a leer literatura, filosofía y poesía. No como pasatiempo. Ando buscando voz propia, ando buscándole propósito a lo que hago todos los días, y sobre todo ando tratando de que no me pase por encima el impuesto de la ignorancia: eso que uno paga sin darse cuenta por lo que no sabe, y que se cobra siempre en el peor momento.

En esa búsqueda me encontré con Sócrates.

Sócrates decía que no se puede confiar ciegamente en las figuras de autoridad para llegar a la verdad. Que los poderosos se equivocan. Y que las mayorías también, y que además pueden actuar de forma perfectamente irracional.

Lo interesante es lo que hizo con esa idea. Pudo haber dado discursos, que era lo que hacía todo el mundo. Hizo algo bastante más incómodo: preguntar. El método que hoy lleva su nombre no consiste en explicarle nada a nadie, sino en hacer preguntas tan precisas que la otra persona termina examinando sus propias creencias, buscando evidencia de verdad y encontrando sola las contradicciones de su propio argumento.

Así me enseñaron a pensar en el colegio. Y hoy estoy más segura que nunca de que esa filosofía sigue viva.

No dejó nada escrito. Lo que sabemos de él nos llegó porque otros lo escribieron. Su aporte no fueron respuestas: fueron preguntas.

Y sigue viva por una razón muy concreta: llegó la inteligencia artificial.

Nos llenamos la boca hablando de pensamiento crítico. Está en todas las presentaciones, en todos los seminarios, en todos los perfiles. Y sin embargo es justo lo primero que se cae cuando aparece una herramienta que responde rápido y responde bonito.

A mí me pasó con la IA que no me podía quedar solo con los fundamentos. Entender cómo funciona por dentro no alcanza si no tienes de dónde sacar el criterio para decidir qué le pides y qué haces con lo que te devuelve. Ese criterio no está en la herramienta. Está en todo lo demás que hayas leído, visto y vivido.

Por eso terminé aquí, escribiendo. Tratando de poner en palabras el enredo de mis propios pensamientos, que es probablemente el ejercicio más difícil y más útil que hago en la semana.

Un pensamiento estructurado es lo que la IA necesita para trabajar bien. La IA no entiende el desorden.

Si llegas con las ideas enredadas, te deja dando vueltas. Le pides algo, no es lo que querías, lo vuelves a pedir con otras palabras, tampoco. Y ahí es donde uno dice que no sirve.

Te entrega una respuesta mediocre y terminas usándola como tu nuevo Google. No porque no tuviera potencial. Porque no se lo encontraste, y no se lo encontraste porque el desorden lo pusiste tú.

O te pasa exactamente lo contrario.

Le encontraste tanto que le creíste. Y le creíste tan ciegamente que se te olvidó lo único que no podías saltarte: revisar.

Esa revisión que no hiciste te deja en el peor lugar posible. Vulnerable, porque no sabes dónde está el error. Sin conocimiento nuevo que alimentar, porque no leíste nada, solo pegaste. Y con un resultado pobre que ya lleva tu nombre encima.

Le entregaste el poder más grande que todavía tienes y del que nadie te ha despojado: tu malicia indígena.

Malicia indígena: así le decimos en Colombia a la astucia práctica, esa que huele el problema antes de poder explicarlo. No se aprende en un curso ni se descarga. Es, curiosamente, lo más parecido que tenemos al método de Sócrates.
Los dos errores son el mismo error con distinto disfraz: dejar de pensar. Uno antes de preguntar, el otro después de recibir la respuesta.

La autoridad ya no es solo el poderoso ni la mayoría. Hoy también es una pantalla que responde en tres segundos, con muy buena redacción y sin una sola duda.

La inteligencia artificial te va a dar respuestas todo el día. Va a ser mejor que tú redactando y va a leer más rápido de lo que tú puedes.

Pero la pregunta sigue siendo tuya. Y ahí, francamente, no tiene con qué competir.

Ximena Villalobos es cofundadora de PorContar, consultora de inteligencia artificial en Colombia y Latinoamérica. Escribe estas columnas para ordenar lo que va aprendiendo.

Si tu equipo va a usar IA, esta es la parte que hay que entrenar

No la herramienta: el criterio para pedirle bien y para revisar lo que devuelve. Es lo que trabajamos en las capacitaciones.

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